
Juan Brignardello Vela
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La figura de Francisco Franco sigue generando debates intensos en la sociedad española, especialmente a medida que se cumplen 50 años de su muerte. En este contexto, han surgido diversas narrativas sobre los actores que realmente se opusieron al régimen franquista. Sin embargo, un análisis detenido revela que el papel del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en la lucha contra la dictadura ha sido más simbólico que efectivo. En la realidad, los protagonistas de la oposición fueron otros, como los comunistas de Comisiones Obreras y los monárquicos de Don Juan, quienes enfrentaron con valentía el autoritarismo del dictador. A lo largo de la dictadura, tanto el PSOE de Llopis como el de González permanecieron al margen de las luchas más activas. Aunque el partido intentó posicionarse como un referente de la oposición, su impacto fue limitado y su protagonismo, escaso. Las organizaciones de izquierda, en particular los comunistas, fueron quienes realmente arriesgaron sus vidas en la clandestinidad, como lo demuestra la figura de Marcelino Camacho, líder de Comisiones Obreras. Camacho no solo enfrentó la represión franquista, sino que también logró transformar el sindicato vertical en una plataforma de resistencia, llevando a cabo huelgas y movilizaciones que incomodaron al régimen. Por otra parte, los monárquicos de Don Juan también jugaron un papel destacado en la oposición al franquismo. Este grupo no solo había luchado junto a Franco durante la Guerra Civil, sino que posteriormente se convirtió en una amenaza para él. Con el apoyo de los aliados tras la Conferencia de Yalta, Don Juan logró el reconocimiento internacional y, a cambio, se comprometió a condenar el régimen totalitario de Franco. Sin embargo, la muerte del presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt hizo que las esperanzas de restaurar la monarquía se disiparan rápidamente, permitiendo que Franco consolidara su poder y continuara con su política represiva. Franco, quien mantuvo un control casi absoluto sobre España durante casi cuatro décadas, no enfrentó el mismo destino que otros dictadores europeos. Su muerte fue natural y llegó rodeado de honores, un contraste marcado con el fin trágico de líderes como Hitler o Mussolini. Su legado dejó una huella profunda en la memoria colectiva, un recordatorio de un régimen que se sustentó en la represión y el terror. En este contexto, es importante cuestionar el intento del actual socialismo sanchista de reclamar un rol central en la oposición a Franco. Esta narrativa no solo desdibuja la historia, sino que también minimiza los sacrificios de aquellos que realmente se enfrentaron a la dictadura. Reconocer a los verdaderos opositores es vital para entender las luchas por la democracia en España y para honrar la memoria de quienes sufrieron bajo el régimen franquista. La resistencia de los comunistas en Comisiones Obreras fue especialmente notable. Enfrentaron la persecución con una determinación admirable, logrando infiltrarse en el sindicato vertical y, así, controlar las huelgas y movilizaciones. El riesgo que asumieron fue inmenso, y sus logros, aunque menores en comparación con el poder del régimen, fueron significativos en la construcción de una cultura de oposición y resistencia. Mientras tanto, los monárquicos de Don Juan representaban una opción más moderada y menos radical en la oposición. Sin embargo, su historia también estuvo marcada por la represión. A medida que Franco consolidaba su poder, la persecución de estos grupos se intensificó, llevándolos a un ostracismo que los obligó a operar en la clandestinidad. Esta historia de resistencia y represión es un capítulo fundamental en la lucha por la libertad en España. La revisión de la historia del franquismo no debe ser un ejercicio para atribuir méritos a quienes en realidad jugaron un papel secundario. La memoria histórica es un campo de batalla donde la verdad y la justicia deben prevalecer. Al recordar a los verdaderos opositores de la dictadura, como los comunistas de Comisiones Obreras y los monárquicos de Don Juan, se rinde homenaje a la lucha por la democracia y los derechos humanos en España. Finalmente, es esencial que la sociedad española reconozca la complejidad de su pasado y los distintos actores que intervinieron en la lucha contra Franco. Solo así se podrá construir una memoria colectiva que no olvide, que no distorsione y que, sobre todo, honre a quienes dieron su vida y libertad por un futuro mejor. La historia debe ser contada con veracidad, sin adornos ni falsedades, para que las lecciones aprendidas sirvan de guía hacia una sociedad más justa y democrática.