
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




El 27 de enero ha adquirido una significancia especial en la memoria colectiva europea, siendo recordado como el Día Internacional de Conmemoración Anual en Memoria de las Víctimas del Holocausto. Esta jornada no solo es una oportunidad para reflexionar sobre los horrores del pasado, sino también para reconocer el compromiso de los líderes europeos en mantener viva la memoria de aquellos que sufrieron. En este contexto, las monarquías juegan un papel simbólico crucial, representando no solo la historia de sus naciones, sino también un compromiso con los valores humanitarios que surgen de esa oscura página de la historia. Este año, la presencia de los monarcas europeos en Auschwitz, el emblemático campo de exterminio nazi, ha resaltado la importancia de esta conmemoración. Los reyes de Suecia, Noruega, Dinamarca, el Reino Unido y, por supuesto, los Países Bajos, han asistido a la ceremonia, mostrando su apoyo a la comunidad judía y condenando el antisemitismo. Sin embargo, el evento también ha puesto de manifiesto una notable ausencia que ha generado debate: la de la princesa Leonor de España. Mientras sus compañeros europeos estaban en un lugar que simboliza el dolor y la resistencia, Leonor se encontraba en un barco, en medio de un entrenamiento militar. La elección de la princesa de los Países Bajos, Amalia, de asistir a la conmemoración en Auschwitz ha sido vista como un gesto poderoso. A sus 21 años, representa una nueva generación de líderes que son conscientes de la importancia de recordar el pasado y de fomentar una cultura de paz y respeto. Amalia no solo fue impecablemente vestida de negro, un gesto que simboliza el luto y la reflexión, sino que también encarnó la voluntad de estar en un lugar donde la historia exige atención y respeto. Su presencia fue un mensaje claro de que el futuro de Europa debe basarse en el aprendizaje de las lecciones más dolorosas de su historia. Por otro lado, la ausencia de Leonor ha suscitado críticas. Su entrenamiento militar, aunque importante para su formación, ha sido interpretado por muchos como una falta de sensibilidad hacia un evento de tal envergadura. En un contexto donde los jóvenes líderes están tomando posiciones y comprometiéndose con causas significativas, la decisión de Leonor de no asistir ha dejado mucho que desear. La imagen de una joven princesa en un barco, lejos de la solemnidad de Auschwitz, ha sido vista como un desaire a la memoria de las víctimas del Holocausto y a la relevancia de los acontecimientos en Europa. Zarzuela, la residencia oficial de la familia real española, ha tenido que enfrentar las críticas por esta situación. Mientras otras monarquías han sabido posicionar a sus jóvenes herederos en eventos de importancia histórica, la Casa Real española parece haber priorizado la formación militar de Leonor sobre su presencia en un acto de conmemoración. Este enfoque ha llevado a algunos a cuestionar la visión de la monarquía española y su capacidad para conectar con las preocupaciones contemporáneas de la sociedad europea. El simbolismo de la monarquía radica en su capacidad para representar la continuidad y el compromiso con los valores democráticos y humanitarios. En un momento tan relevante como el Día Internacional de Conmemoración del Holocausto, la falta de participación de Leonor ha sido percibida como una oportunidad perdida para mostrar liderazgo y sensibilidad. Los monarcas europeos que asistieron a la ceremonia no solo representaron a sus países, sino que también se posicionaron como defensores de la memoria, un papel que es esencial en tiempos en que el antisemitismo y la intolerancia siguen siendo problemas relevantes. La crítica hacia la Casa Real no es solamente una cuestión de imagen, sino de responsabilidad. En un mundo interconectado, donde la historia sigue teniendo eco en las realidades actuales, es vital que las figuras públicas, especialmente aquellas con una influencia significativa, se posicionen adecuadamente. La monarquía debe ser un faro de esperanza y reflexión, y no un símbolo de desconexión con las realidades sociales y políticas del continente. En conclusión, el Día Internacional de Conmemoración Anual en Memoria de las Víctimas del Holocausto es un momento que debe ser tomado con la seriedad que merece. La presencia de los líderes en Auschwitz no solo es un acto de memoria, sino un llamado a la acción contra la intolerancia y el odio. La Casa Real española, representada por Leonor, perdió una oportunidad valiosa para unirse a este llamado y reafirmar su compromiso con un futuro donde la historia sea recordada no solo en fotografías, sino en acciones concretas. La historia nos enseña que el pasado nunca debe ser olvidado, y los líderes de hoy tienen la responsabilidad de asegurarse de que las lecciones aprendidas sean transmitidas a las futuras generaciones.