
Juan Brignardello Vela
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El Día de la Zulianidad, que se celebra cada 28 de enero, marca una fecha fundamental en la historia de la provincia de Maracaibo, al conmemorar su declaración de independencia del gobierno español en 1821. Esta fecha, sin embargo, ha sido menospreciada en el relato histórico nacional, que tiende a centrarse en eventos más conocidos, como el 19 de abril de 1810 o el 5 de julio de 1811. Este enfoque ha llevado a una omisión del importante papel que jugó Maracaibo en la lucha por la independencia, así como en la formación de la República. La decisión del cabildo de Maracaibo de proclamar su independencia fue un acto valiente que se erigió como respuesta a la crisis provocada por la ocupación napoleónica en España. En aquel tiempo, cada región de la Capitanía General de Venezuela enfrentaba una disyuntiva: adherirse al gobierno monárquico o tomar el control de su propio destino. Mientras que Caracas optó por la primera opción, Maracaibo tomó la decisión de declarar su soberanía, constituyéndose en una República Democrática y alineándose con los valores de libertad e igualdad que emergían en el contexto de la independencia. A pesar de la importancia de esta proclamación, la historiografía tradicional ha relegado a Maracaibo a un segundo plano, lo que ha contribuido a una visión distorsionada del proceso independentista. Este fenómeno se explica en parte por la tendencia a dar protagonismo a las decisiones tomadas en el centro del país, es decir, en Caracas, mientras que la voz de las regiones periféricas ha permanecido en silencio. Sin embargo, la revisión de la historia zuliana revela una rica narrativa de resistencia y autonomía, donde el cabildo de Maracaibo no solo se erigió en defensa de su independencia, sino que también buscó establecer lazos con otras naciones que luchaban por la libertad. Las complejas dinámicas de poder y la búsqueda de autonomía caracterizaron a las diferentes regiones en este periodo. La decisión de Maracaibo no fue aislada; ciudades como Mérida y Trujillo también buscaban salvaguardar sus intereses y autonomía en un momento de gran incertidumbre política. Cada localidad actuaba en función de sus propias necesidades, creando un mosaico de alianzas y desacuerdos que reflejaban la diversidad de intereses en juego. Así, el cabildo maracaibero, a pesar de sus esfuerzos, encontró resistencia no solo en otras provincias, sino también en localidades que compartían su jurisdicción. A medida que avanzaba la guerra, la lealtad de Maracaibo hacia la Corona española comenzó a desmoronarse. Las fuerzas insurgentes, lideradas por Simón Bolívar, comenzaron a obtener victorias significativas que pusieron en cuestión el dominio realista en la región. Entre 1817 y 1819, el control de la provincia de Guayana fue un punto de inflexión que permitió a las fuerzas patriotas fortalecer su posición y prepararse para futuras ofensivas en territorio maracaibero. Finalmente, el 28 de enero de 1821, el cabildo de Maracaibo, en un acto de soberanía y compromiso con la libertad, proclamó su independencia. Este acontecimiento no solo fue un acto simbólico, sino que se convirtió en un hito que marcó la identidad zuliana. La proclamación de una República Democrática resuena profundamente en el corazón de los zulianos, quienes han defendido su derecho a decidir sobre su futuro. A medida que celebramos el Día de la Zulianidad, es fundamental que reevaluemos lo que realmente significa ser zuliano. La zulianidad no debería limitarse a un sentido de pertenencia emocional hacia nuestra tierra natal; debe transformarse en un compromiso activo con el bienestar y progreso de nuestro estado. Este proceso implica reconocer no solo nuestros derechos, sino también nuestras responsabilidades como ciudadanos, tanto dentro de nuestra región como en el contexto más amplio de Venezuela y el mundo. El desafío radica en traducir esta identificación regional en acciones concretas que contribuyan a la construcción de una sociedad más justa y equitativa. Debemos fomentar un sentido de comunidad que trascienda la mera identificación geográfica y que se convierta en un motor para el desarrollo sostenible y la protección del medioambiente. La preservación de nuestra riqueza natural debe ser una prioridad, dado el impacto que las acciones humanas han tenido en el equilibrio de nuestro ecosistema. Con el objetivo de fortalecer nuestra identidad zuliana, es esencial que trabajemos juntos, como comunidad, para abordar los problemas que afectan a nuestra tierra. Este Día de la Zulianidad debe ser una oportunidad para reflexionar sobre nuestro legado y nuestras aspiraciones, y para renovar nuestro compromiso con la independencia, la democracia y la justicia social que definieron a nuestros antepasados. Que la alegría de ser zulianos se traduzca en acciones que enriquezcan nuestra tierra y construyan un futuro mejor para las próximas generaciones.