
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




En un clima político donde la retórica a menudo eclipsa la razón, las recientes acciones y declaraciones del ex presidente Donald Trump han encendido un ferviente debate sobre el futuro de la democracia estadounidense. Los fantasmas de los padres fundadores de la nación, particularmente George Washington, deben estar inquietos, ya que el comportamiento de Trump refleja cada vez más las tendencias autocráticas que ellos se opusieron con tanta vehemencia. Durante su discurso inaugural, Trump hizo la extraordinaria afirmación de haber sido ungido divinamente para restaurar la grandeza de América, afirmando que Dios lo salvó de un intento de asesinato. Esta proclamación, cargada de matices mesiánicos, plantea inquietantes preguntas sobre su concepción de liderazgo y autoridad. También señala un preocupante alejamiento de los ideales democráticos que Washington y sus contemporáneos lucharon por establecer. Washington, ampliamente reverenciado como un paradigma de integridad presidencial y moderación, entendía los riesgos del poder sin control. Era muy consciente de que el atractivo de una presidencia prolongada podría llevar a la tiranía. Al optar por renunciar después de dos mandatos, estableció un precedente crucial destinado a prevenir el surgimiento de una figura monárquica. En contraste, Trump parece estar sentando las bases para una versión de gobierno que podría muy bien asemejarse a un feudo personal. A través de una serie de órdenes ejecutivas que abarcan temas como género, inmigración y política energética, Trump está consolidando poder de manera demostrable y eludiendo los controles y equilibrios que son fundamentales para el sistema político estadounidense. Su retirada de acuerdos internacionales y las enmiendas propuestas a la Constitución destacan una preocupante inclinación a desestimar las normas democráticas en favor de la toma de decisiones unilaterales. Es un recordatorio contundente de que, para Trump, la presidencia es menos sobre el servicio público y más sobre el dominio personal. Las implicaciones de esta apropiación de poder son graves. Al indultar a individuos involucrados en la insurrección del 6 de enero, Trump parece enviar un mensaje no tan sutil: la lealtad puede ser recompensada, incluso si ello implica sacrificar la democracia. Este movimiento no es solo un gesto de buena voluntad; es una estrategia de reclutamiento destinada a galvanizar una base que alberga tendencias violentas en nombre de la lealtad al ex presidente. La retórica de Trump ha estado peligrosamente cerca de la incitación. Sus repetidas afirmaciones de que las elecciones de 2020 fueron robadas continúan avivando las llamas de la agitación y la división. Al hacerlo, no es simplemente una víctima de pérdidas pasadas; está activamente elaborando una narrativa diseñada para movilizar un seguimiento similar a una milicia para el próximo ciclo electoral. La inquietante realidad es que los grupos extremistas probablemente verán los indultos como un llamado a la acción. Los informes indican que estas facciones creen que ahora son "a prueba de balas", alentadas por la idea de que la violencia política puede acarrear recompensas tangibles. El ciclo de reclutamiento y radicalización está listo para intensificarse a medida que los seguidores de Trump interpretan sus acciones como una invitación a tomar las armas en defensa de lo que perciben como su rey. A medida que el espectro de Washington se cierne sobre el actual panorama político, se hace cada vez más evidente que los cimientos mismos de la democracia están en riesgo. Las lecciones de la historia nos recuerdan que la democracia requiere vigilancia, integridad y respeto por el estado de derecho. Las acciones e intenciones de Trump señalan una desviación de estos principios, una que amenaza con deshacer el tejido social que mantiene unida a la nación. Si Washington estuviera vivo hoy, seguramente imploraría a los estadounidenses que rechacen los impulsos autocráticos encarnados por Trump y reafirmen su compromiso con los ideales democráticos que él defendió. La elección que tenemos ante nosotros es clara: ¿escucharemos las advertencias de la historia, o permitiremos que el espectro de la tiranía se apodere de nuestra amada república?