
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




En un contexto de crisis ambiental y desastres naturales, la reciente serie de incendios que asolan California ha puesto en el punto de mira no solo a las autoridades, sino también a las figuras públicas que, según los residentes, exhiben un comportamiento irresponsable con los recursos hídricos. La indignación ha crecido considerablemente hacia las celebridades de Los Ángeles, quienes, en medio de una sequía severa, han sido acusadas de desperdiciar agua, un recurso cada vez más escaso y vital para la supervivencia de comunidades enteras. Los incendios, que se desataron a principios de semana, han devastado grandes áreas de territorio y han cobrado la vida de al menos 16 personas. La situación se complica cada vez más con el paso de los días, mientras las llamas continúan su avance implacable, amenazando propiedades de lujo y comunidades residenciales. Sin embargo, los habitantes no han perdido la oportunidad de señalar a las estrellas de Hollywood como parte del problema. Entre las figuras más criticadas se encuentra Kim Kardashian, quien reside en una mansión valorada en 60 millones de dólares en una exclusiva comunidad cerrada. Esta familia no es ajena a las multas por derroche de agua; en 2022, se les sancionó por consumir 232,000 galones por encima de lo permitido, en un momento en que los residentes locales debían conformarse con regar sus jardines solamente dos veces por semana. Los indignados vecinos argumentan que el agua que se desperdicia podría haber sido utilizada para combatir las llamas que amenazan sus hogares. Además de Kardashian, otras celebridades como Sylvester Stallone y Kevin Hart también han sido objeto de críticas y sanciones. Un vecino, reafirmando el descontento general, comentó que "todos se les advirtió que redujeran su uso de agua debido a esta crisis, pero continuaron regando porque podían pagar las multas". Este comportamiento ha avivado las llamas de la ira colectiva de una comunidad que siente que sus necesidades están siendo ignoradas. La frustración no se limita solo al consumo de agua, ya que los residentes también han observado cómo los ricos contratan bomberos privados a tasas exorbitantes para proteger sus propiedades. Chris Dunn, dueño de una empresa que ofrece estos servicios, confirmó que la demanda ha aumentado significativamente, con muchas celebridades dispuestas a pagar hasta 2,000 dólares por hora. Este fenómeno ha generado un sentimiento de injusticia entre aquellos que, sin los mismos recursos, luchan por proteger su hogar y sus seres queridos. Mientras tanto, la situación de emergencia se agrava. Las autoridades han emitido órdenes de evacuación que afectan a cerca de 153,000 residentes, y se reportan aproximadamente 57,000 estructuras en riesgo. Los incendios activos, incluyendo el que se ha convertido en el más grande, han llevado a miles a abandonar sus hogares en áreas adineradas como Brentwood y Encino, donde residen personalidades como LeBron James y Arnold Schwarzenegger. El impacto de estos incendios no solo se siente en términos de pérdidas materiales. El Departamento de Salud Pública del Condado de Los Ángeles ha emitido una alerta sobre la calidad del aire, advirtiendo que ha "degradado gravemente", lo que representa riesgos tanto inmediatos como a largo plazo para la salud pública. Este aviso añade una capa más de angustia a una situación ya desesperante. Los esfuerzos para contener las llamas son frenéticos. Aviones sobrevolando Mandeville Canyon arrojan retardantes de fuego en un intento de crear barreras defensivas. Mientras tanto, los equipos de emergencia, con el apoyo de bomberos y rescatistas de países como México y Canadá, trabajan incansablemente para mitigar el impacto del fuego. La crisis actual ha revelado no solo la fragilidad de los recursos naturales en la región, sino también la desconexión entre distintas clases sociales. Los residentes comunes se sienten cada vez más frustrados ante un sistema que parece favorecer a los ricos y poderosos, quienes pueden permitirse el lujo de ignorar las normas que rigen la conservación del agua. Al final, la situación en California es un recordatorio de que, ante desastres naturales, las responsabilidades y consecuencias se distribuyen de manera desigual. Mientras muchos luchan por salvar sus hogares y comunidades, otros siguen viviendo en una burbuja de privilegios, ajenos a la crisis que afecta a su entorno. La pregunta que queda en el aire es: ¿serán capaces las autoridades de establecer un equilibrio entre la protección de los recursos y la responsabilidad social de quienes viven en la opulencia?