
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




La reciente ceremonia de embarque de la guardiamarina Leonor de Borbón, Princesa de Asturias, en el buque escuela Juan Sebastián de Elcano, ha desatado una oleada de fervor y elogios que supera lo que se había vivido en ocasiones anteriores con miembros de la realeza española. La imagen de miles de personas congregadas para vitorear a la joven heredera se asemeja más a un evento de carácter festivo que a una ceremonia militar, lo que plantea interrogantes sobre el papel de la monarquía en la sociedad actual. El contraste es notable si se remonta a enero de 1987, cuando el entonces Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, también realizó su embarque en el mismo buque. Ese evento no desató el mismo tipo de revuelo mediático ni la exaltación popular que ha caracterizado esta última ceremonia. En aquella ocasión, Felipe fue llevado a un pub en Cádiz, un lugar que posteriormente se reveló estaba en problemas legales, pero que, a pesar del escándalo, no generó el mismo tipo de cobertura publicitaria ni la misma devoción popular. La discreción parecía ser la norma en aquellos días, una realidad que contrasta con el despliegue mediático actual. La Casa Real ha declarado que la Princesa Leonor no recibiría un tratamiento especial durante su travesía. Sin embargo, las evidencias parecen indicar lo contrario: la llegada de Leonor en un coche oficial y un amplio dispositivo de seguridad parecen contradecir esta afirmación. Este despliegue ha llevado a la ciudadanía a preguntarse si la monarquía realmente está dispuesta a adaptarse a los tiempos modernos o si se aferra a tradiciones que, quizás, ya no resuenan con la misma fuerza en la sociedad actual. Los medios de comunicación han jugado un papel fundamental en la cobertura del evento. La presencia masiva de periodistas en el muelle ha generado tanto interés como críticas, sobre todo por la manera en que han abordado el evento. La confusión terminológica también ha sido objeto de atención. La utilización de términos náuticos como "singladura" en lugar de "travesía" revela la falta de conocimiento por parte de algunos y subraya la necesidad de una educación más profunda en estos temas, que va más allá de la simple cobertura mediática. Las reacciones de los ciudadanos también han sido variadas. Mientras algunos vitoreaban a la Princesa, otros no dudaron en expresar su descontento, abucheando a la ministra de Defensa durante la ceremonia. Este incidente refleja la tensión que puede surgir en eventos tan cargados de simbolismo. Las emociones a flor de piel han llevado a que el Rey interviniera, evidenciando que incluso dentro del marco de una celebración, las opiniones sobre la monarquía son profundamente divisivas. Entre los momentos destacados, se menciona que Leonor se tomó un tiempo para socializar con sus compañeros en un bar del Muelle Uno, donde se le observó pagar con un billete de 50 euros. Este gesto ha sido interpretado por algunos como una señal de normalidad en su vida, aunque otros lo ven con escepticismo, sugiriendo que es una estrategia de imagen más que un acto genuino de cercanía. La cobertura del evento ha estado salpicada de comentarios sobre la juventud de la Princesa y su futuro en la política y la sociedad española. Muchos se preguntan qué papel jugará en la renovación de la monarquía y si su llegada al escenario público puede revitalizar una institución que ha enfrentado críticas en los últimos años. La expectativa es palpable, pero también lo son las reservas. El espectáculo mediático ha tenido su dosis de drama. La emotividad de la Reina, quien se mostró visiblemente afectada durante la despedida, añade una capa de humanidad a lo que podría considerarse un evento frío y protocolario. Sin embargo, esta representación también ha sido utilizada por algunos como un argumento para criticar el uso de la monarquía como un artefacto emocional en tiempos de crisis. Las actitudes hacia la monarquía en España son complejas y multifacéticas. La reciente exaltación de la Princesa Leonor puede ser vista como un reflejo de un deseo de conectar con la historia y la tradición, pero también es una señal de que la ciudadanía está dividida respecto a su relevancia en el mundo moderno. Mientras algunos ven en la figura de Leonor una esperanza para el futuro, otros cuestionan la necesidad de una monarquía en un país que ya ha recorrido un largo camino hacia la modernización. Finalmente, este evento ha sido una oportunidad para reflexionar sobre el estado de la monarquía en España. La combinación de fervor popular y crítica abierta sugiere que la institución puede estar en un punto de inflexión. La pregunta que queda en el aire es si la Casa Real podrá adaptarse a un panorama en el que el público, más informado y crítico, exige un mayor nivel de transparencia y conexión con sus representantes.