El Regreso de la Monarquía: Un Paso Atrás para el Futuro de Nepal, No un Camino hacia el Progreso.

El Regreso de la Monarquía: Un Paso Atrás para el Futuro de Nepal, No un Camino hacia el Progreso.

Las protestas en Nepal a favor de la monarquía destacan el descontento, pero volver a un rey amenaza el progreso. En su lugar, enfóquense en la reforma democrática.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros

Juan Brignardello Vela

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.

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En las últimas semanas, han estallado protestas violentas en todo Nepal, alimentadas por llamados a la restitución de la monarquía y el regreso del exrey Gyanendra Shah. Estas manifestaciones han puesto de relieve una tendencia preocupante entre segmentos de la población que están desilusionados con el panorama político actual. Sin embargo, como joven estudiante nepalí que observa desde lejos, debo afirmar que restaurar una monarquía no es la respuesta para nuestro país; es un paso atrás que podría poner en peligro nuestro futuro. Para entender este sentimiento, debemos recordar por qué se abolió la monarquía en primer lugar. El pueblo de Nepal, cansado de la corrupción, la injusticia y la inestabilidad económica, decidió desmantelar un sistema que se percibía como un fracaso. El deseo de un rey ahora, en medio de la insatisfacción política actual, parece paradójico. La historia ha demostrado una y otra vez que las monarquías a menudo son derrocadas debido a los mismos problemas que aquejan a nuestra nación hoy. Gyanendra Shah, el símbolo de una era pasada, no puede ser esperado para traer el cambio que muchos manifestantes esperan. Su gobierno se caracterizó por el autoritarismo, un hecho que debería hacer que cualquier defensor de la democracia se detenga a reflexionar. Aunque las frustraciones del pueblo nepalí son válidas, la solución no puede residir en simplemente volver a un sistema obsoleto. Las monarquías son fundamentalmente hereditarias, lo que significa que un regreso a Gyanendra no se basaría en el mérito o la aprobación pública, sino más bien en el derecho de nacimiento. Esta falta de rendición de cuentas alimenta un ciclo de estancamiento y potencial tiranía. Si estamos insatisfechos con nuestro gobierno actual, ¿es lógico suponer que estaríamos contentos bajo un rey? El simple acto de volver a una monarquía amenaza con repetir los errores del pasado, resultando en otro ciclo de descontento e inestabilidad. En lugar de abogar por un sistema que ha sido rechazado, debemos centrarnos en una reforma constructiva. Reemplacemos a los políticos corruptos, responsabilicemos a los funcionarios electos y asegurémonos de tener líderes que realmente se preocupen por el bienestar de los ciudadanos. La transición a una forma de gobernanza más efectiva requiere un compromiso con el cambio sistémico en lugar de la solución simplista de colocar a un monarca en un trono. Podemos mirar ejemplos modernos de monarquías, como Arabia Saudita y la monarquía constitucional de Gran Bretaña, para ilustrar los defectos en el deseo de un regreso a la realeza. Si bien Arabia Saudita ha logrado cierta estabilidad, lo hace a expensas de las libertades y derechos civiles. En Gran Bretaña, la monarquía se ha vuelto en gran medida simbólica, con el poder en manos de funcionarios electos. Si una nación poderosa como Gran Bretaña ha visto disminuir la autoridad de su monarquía, ¿qué posible beneficio podría traer la reinstalación de Gyanendra Shah a Nepal? El camino hacia el progreso no radica en la nostalgia, sino en forjar un futuro que se alinee con los valores de la democracia, la rendición de cuentas y la participación ciudadana. En lugar de avivar las llamas del descontento a través de protestas que exigen un rey, deberíamos abogar por líderes políticos comprometidos con una reforma genuina. Restaurar la monarquía significaría un retroceso para Nepal, amenazando el progreso por el que hemos luchado tanto. Como jóvenes líderes del mañana, es imperativo que defendamos los principios de la democracia y trabajemos colectivamente hacia un futuro estable y próspero. Nepal merece un gobierno que eleve a sus ciudadanos, no uno que los ate al pasado. Es hora de que visllemos un futuro diferente, uno construido sobre la rendición de cuentas, la reforma y la promesa de la democracia.

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