
Juan Brignardello Vela
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El 19 de marzo de 1812 representa un hito en la historia política de España, ya que esa fecha marcó la aprobación de la primera constitución española, conocida popularmente como 'La Pepa'. Este documento no solo fue un esfuerzo por establecer un orden político en medio del caos generado por la invasión napoleónica, sino que también se convirtió en un símbolo del liberalismo y la búsqueda de derechos en un momento donde la monarquía y el absolutismo predominaban en Europa. 'La Pepa' surge en un contexto complejo, donde el poder real se había visto gravemente debilitado. Los antecedentes que llevaron a la creación de 'La Pepa' se remontan a las tensiones políticas que comenzaron a gestarse en España incluso antes de la llegada de las tropas francesas. A principios del siglo XIX, el descontento con la figura de Manuel Godoy, considerado un ministro débil y corrupto, llevó a un motín en Aranjuez, donde su destitución fue exigida. Este evento abrió la puerta a la intervención francesa, que culminó en la abdicación de Carlos IV y la imposición de José Bonaparte como rey de España. Esta situación generó una profunda división en la sociedad española, entre los que apoyaban al nuevo régimen y los que luchaban por mantener la tradición monárquica. A medida que la resistencia contra la ocupación francesa se intensificaba, las juntas de defensa comenzaron a tomar forma en diversas partes del país. En este contexto de conflicto, la Junta Central estableció en 1810 la necesidad de convocar a Cortes, lo que eventualmente llevaría a la redacción de 'La Pepa'. Así, el 19 de marzo de 1812, en la Bahía de Cádiz, las Cortes aprobaron la constitución que transformaría el panorama político español. El apodo de 'La Pepa' proviene de su fecha de promulgación, coincidiendo con la festividad de San José. Este nombre, que se deriva de 'Pepe', se convirtió en un símbolo de la identidad nacional y un recordatorio de la lucha por la libertad y la igualdad. La constitución no solo fue un acto político, sino un grito de esperanza en un país desgarrado por la guerra. La Constitución de 1812 se caracterizó por sus avances en materia de derechos y libertades. Incluía la abolición de la Inquisición, el reconocimiento de la libertad de imprenta y una serie de reformas que despojaban a la Iglesia de parte de su poder. Además, se dio un importante paso al reconocer a las colonias americanas como provincias de un nuevo estado, lo que fue un atisbo de lo que vendría en las siguientes décadas con los movimientos independentistas en América Latina. El concepto de soberanía nacional y la separación de poderes fueron dos de los pilares fundamentales de 'La Pepa'. Estos ideales fueron revolucionarios para la época y sentaron las bases de una monarquía constitucional que, aunque breve, representaba un cambio significativo en la forma de gobernar. La constitución reconocía a Fernando VII como rey, pero establecía límites a su poder, algo que fue mal recibido por el monarca a su regreso tras la guerra. La vigencia de 'La Pepa' fue corta, ya que tras la restauración del absolutismo en 1814, su aplicación se detuvo. Sin embargo, su legado perduró y se hizo sentir en los movimientos liberales del siglo XIX. Esta constitución se reinstauró brevemente durante el Trienio Liberal y en dos ocasiones más, en 1836 y 1837, siendo un faro para aquellos que luchaban por una España más justa y democrática. A pesar de sus limitadas etapas de implementación, 'La Pepa' tuvo una influencia significativa no solo en la política española, sino también en el ámbito internacional. Muchos de los principios establecidos en esta carta magna resonaron en otros movimientos liberales en Europa y América, convirtiéndose en un referente para aquellos que buscaban luchar contra el absolutismo y establecer sistemas democráticos. En conclusión, 'La Pepa' no solo fue un producto de su tiempo, sino un testimonio de la lucha por la libertad y la justicia en una España desgarrada por la guerra y la invasión. Su legado sigue presente en la memoria colectiva española y en las discusiones sobre derechos y libertades que aún persisten en la sociedad actual. La primera constitución española simboliza un momento crucial en la historia de un país que ha vivido numerosas transformaciones en su búsqueda por la modernidad y la democracia.