El regreso de Gyanendra desata el debate: ¿Anhela Nepal la monarquía en medio de la turbulencia política?

El regreso de Gyanendra desata el debate: ¿Anhela Nepal la monarquía en medio de la turbulencia política?

La llegada del ex rey Gyanendra a Katmandú ha generado un renovado apoyo a la monarquía en Nepal, reflejando el descontento público con la democracia en medio de la turbulencia política y económica.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros

Juan Brignardello Vela

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.

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La reciente llegada del ex rey Gyanendra Shah a Katmandú ha desatado una ola de apoyo a la monarquía en Nepal, planteando preguntas sobre el creciente descontento del público con el actual sistema democrático. Esta manifestación de apoyo fue evidente cuando las multitudes dieron la bienvenida a Gyanendra, coreando consignas como "Queremos que nuestro rey regrese" y "Abolir el sistema de república federal". Su visita, marcada por una fuerte seguridad y una recepción estruendosa de sus partidarios, subraya un cambio significativo en el sentimiento público, ya que muchos expresan el deseo de volver al gobierno monárquico. La monarquía en Nepal fue abolida en 2008, allanando el camino para una república democrática federal. Sin embargo, años de agitación política han dejado al electorado desilusionado con el desempeño de varios gobiernos. Los críticos argumentan que la corrupción rampante entre los partidos políticos ha fomentado la percepción de que la gobernanza está fallando al ciudadano común. Para muchos, el panorama político actual se caracteriza por la inestabilidad, con más de una docena de primeros ministros elegidos en solo 15 años, lo que contribuye a una sensación de caos y desorden en la gobernanza. La insatisfacción pública se ve agravada por desafíos económicos persistentes, incluidos el aumento de la inflación y el desempleo, que han empeorado las condiciones de vida para muchos nepaleses. La percepción de la incapacidad del gobierno para abordar eficazmente estos problemas ha llevado a llamados para un regreso a la monarquía, vista por algunos como una fuerza estabilizadora que podría devolver el orden y la disciplina al país. La visión nostálgica de la monarquía retrata un tiempo en el que la gobernanza se percibía como más cohesiva y eficiente, con menos convulsiones políticas. Los partidarios de Gyanendra, particularmente aquellos alineados con el Partido Rastriya Prajatantra pro-monarquía, argumentan que restaurar la monarquía podría ayudar a erradicar la corrupción y reforzar la identidad nacional en una nación cada vez más preocupada por la influencia de fuerzas políticas y religiosas externas. El sentimiento de que una monarquía tradicional podría proporcionar un liderazgo más fuerte resuena profundamente en una sociedad que lidia con una erosión percibida de valores y unidad. Sin embargo, la perspectiva de reinstaurar la monarquía enfrenta importantes obstáculos legales y políticos. La actual constitución de Nepal prohíbe explícitamente la monarquía, y los líderes políticos de corriente principal, incluidos el primer ministro KP Sharma Oli y el presidente del Congreso Nepali, Sher Bahadur Deuba, han rechazado firmemente la idea como poco realista. Advertir que cualquier esfuerzo por restaurar la monarquía requeriría una considerable reforma constitucional, que consideran no solo impráctica, sino también divisoria. En respuesta al sentimiento realista emergente, los líderes políticos han instado a los partidarios de Gyanendra a canalizar su energía en avenidas más constructivas, como participar en elecciones y promover el compromiso democrático, en lugar de buscar regresar a un sistema que ha sido oficialmente desmantelado durante más de una década. El resurgimiento de la popularidad de Gyanendra, alimentado por la frustración con el gobierno actual, destaca un punto crítico en la evolución política de Nepal. Si bien la nostalgia por la estabilidad monárquica puede resonar con algunos, los desafíos de la gobernanza y las complejidades de la democracia moderna siguen siendo significativos. A medida que crece el descontento público, los próximos meses podrían ser decisivos para determinar si el llamado a la monarquía representa un momento fugaz de frustración o un cambio más sustancial en la psique nacional respecto a la gobernanza. Nepal se encuentra en una encrucijada, navegando entre los ideales de la democracia y el atractivo de una era real pasada.

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