El regreso de Gyanendra desencadena un debate sobre la monarquía en Nepal en medio del descontento político.

El regreso de Gyanendra desencadena un debate sobre la monarquía en Nepal en medio del descontento político.

El regreso del ex rey Gyanendra a Katmandú provoca un debate sobre la restauración de la monarquía en medio del descontento público con los actuales líderes políticos en Nepal.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros

Juan Brignardello Vela

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El reciente regreso del exrey Gyanendra de Nepal a la capital, Katmandú, ha reavivado las discusiones sobre la posibilidad de restaurar la monarquía en esta nación del Himalaya. Gyanendra, quien fue destituido durante una revolución comunista en 2006, fue recibido por una multitud que sus partidarios afirmaron que superaba las 400,000 personas, aunque informes independientes sugieren que la cifra real rondaba los 10,000. Independientemente del número exacto, tal recepción ha enviado sin duda ondas de preocupación a través del Partido Comunista de Nepal (Marxista-Leninista Unificado) y su Primer Ministro Khadga Prasad Oli. El Primer Ministro Oli ha desafiado públicamente a Gyanendra a entrar en la arena política, sugiriendo que forme un partido político y participe en las elecciones si desea recuperar un papel en el gobierno. Sin embargo, analistas políticos sugieren que la ambición principal de Gyanendra puede no estar en la política, sino en el deseo de restaurar la monarquía que fue desmantelada hace más de una década. Este sentimiento es compartido por figuras dentro del Partido Nacionalista Hindú Rastriya Prajatantra, quienes han comenzado a articular un deseo de regreso a la monarquía y de restaurar a Nepal como un estado hindú. Detrás de este resurgimiento en el apoyo a la monarquía hay una creciente frustración entre la población hacia el actual establecimiento político. Las acusaciones de corrupción han afectado a varios líderes, incluido el ex Primer Ministro y líder guerrillero Pushpa Kumar Dahal, conocido como 'Prachanda'. Muchos nepaleses también están desilusionados con la inestabilidad política que ha caracterizado la era posterior a la monarquía, junto con el empeoramiento de las condiciones económicas, el aumento del desempleo y una inflación que sigue en aumento. A pesar de estas frustraciones, los analistas políticos advierten contra asumir un deseo generalizado por el regreso de Gyanendra. Si bien hay un evidente descontento con la clase gobernante actual, el sentimiento no se traduce en un anhelo por la monarquía del pasado. Los observadores sostienen que la noción de reinstaurar a Gyanendra o cualquier forma de monarquía es en gran medida rechazada por la población, que, después de años de tumulto y agitación política, puede preferir un tipo de gobernanza completamente diferente. La historia de la monarquía en Nepal está profundamente entrelazada con la identidad del país. La dinastía Shah gobernó durante más de 240 años, comenzando con la unificación de la región por el rey Prithvi Narayan Shah en 1768. Sin embargo, el poder político de la monarquía disminuyó durante el siglo XIX, lo que llevó a un sistema en el que los Ranas ejercieron control bajo la apariencia de autoridad real. No fue hasta 1950 que los reyes comenzaron a recuperar importancia política, un estatus que fue finalmente desmantelado en 2006. A medida que Gyanendra intenta navegar por este complejo panorama político, queda la pregunta de si la nostalgia por la monarquía puede traducirse en un movimiento viable para su restauración. Si bien hay bolsas de apoyo, la narrativa general parece alejarse de un renacimiento real. En cambio, el enfoque puede desplazarse hacia cómo los líderes actuales pueden abordar los problemas urgentes que enfrenta la nación, restaurando la fe en la gobernanza a través de una gestión efectiva de la economía y la integridad política. A medida que el país continúa lidiando con su identidad en una era postmonárquica, una cosa queda clara: el futuro de Nepal estará moldeado por los deseos y demandas de su pueblo, no por los restos de su pasado.

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