
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




En una reciente publicación en redes sociales, Joy Reid, expresentadora de MSNBC, generó controversia con su interpretación de una cita de *El Señor de los Anillos* de J.R.R. Tolkien, afirmando: "Nunca seremos una monarquía. Sepan eso. Para citar la trilogía de LOTR: Gondor no tiene rey. Gondor no necesita rey." Sin embargo, esta declaración revela un malentendido significativo de la narrativa y los temas entrelazados a lo largo de la obra seminal de Tolkien. Para empezar, la afirmación de Reid de que Gondor no tiene rey es fundamentalmente errónea. Tanto en las novelas de Tolkien como en sus adaptaciones cinematográficas, Gondor es inconfundiblemente una monarquía, aunque una que ha estado sin su rey legítimo durante muchos años. Los regentes de Gondor, que gobiernan en ausencia del rey, no son un reemplazo del gobierno monárquico, sino más bien cuidadores que esperan el regreso del verdadero monarca, un arco narrativo que culmina en el clímax de *El Retorno del Rey*. Aragorn, el heredero legítimo, encarna la esencia misma de la realeza, y su ascenso al trono sirve como una resolución pivotal al conflicto general de la historia. La mala interpretación de Reid se extiende aún más con su referencia a la línea pronunciada por Boromir, otro personaje cuyas complejidades a menudo se pasan por alto. En la historia, la declaración de Boromir sobre la falta de un rey en Gondor refleja su propia lucha interna y el tema más amplio del poder y la ambición que recorre la obra de Tolkien. En lugar de presentar una resistencia noble a la monarquía, el personaje de Boromir muestra los peligros de la ambición personal cuando se enfrenta al legado y las responsabilidades vinculadas al liderazgo legítimo. Su trágica muerte sirve como una advertencia sobre lo que ocurre cuando los individuos priorizan sus deseos sobre el bien mayor. Además, la invocación de Reid a Gondor y sus regentes como una metáfora de las dinámicas políticas contemporáneas en Estados Unidos es igualmente problemática. Los regentes de Gondor, aunque nobles en sus intenciones, representan en última instancia una forma de gobierno que no es responsable ante el pueblo. Su autoridad, derivada no de principios democráticos, sino de un linaje de regencia de larga data, evoca un paralelo con un estado administrativo arraigado, uno que a menudo lucha por ceder poder en favor de una verdadera monarquía. El personaje de Denethor, el último regente de Gondor, ejemplifica este conflicto. Su descenso a la desesperación y la locura es un reflejo conmovedor de los peligros inherentes al liderazgo que se aferra al poder a expensas del progreso. La negativa de Denethor a aceptar el reclamo de Aragorn al trono subraya un tema crítico en la narrativa de Tolkien: la necesidad de ceder el poder a la autoridad legítima, un concepto que la analogía de Reid parece malinterpretar. A medida que Reid intenta enmarcar su argumento a favor de una narrativa política que resiste la noción de monarquía, se alinea inadvertidamente con las mismas trampas contra las que Tolkien advierte. Las complejidades de los personajes y los dilemas morales que enfrentan sirven para iluminar la importancia de un liderazgo sabio y justo, una lección que parece perderse en su análisis. Al final, el compromiso de Joy Reid con *El Señor de los Anillos* sirve como un recordatorio de la importancia de comprender el material antes de invocarlo en discusiones culturales y políticas más amplias. Malinterpretar una narrativa tan rica no solo socava su argumento, sino que también pone de relieve los peligros potenciales de interpretar la literatura a través de una lente que ignora sus complejidades inherentes. A medida que el discurso sobre liderazgo y gobernanza continúa evolucionando, quizás una lectura más reflexiva de Tolkien arrojaría ideas que se alineen más estrechamente con los valores de sabiduría, humildad y deber que él defendió.