
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




La historia de las revoluciones a lo largo del tiempo ha estado marcada por intensos cambios sociales y políticos que, en muchas ocasiones, han dejado tras de sí un rastro de caos y confusión. En este contexto, resulta vital distinguir entre quienes impulsan verdaderas transformaciones en busca de un futuro más equitativo y aquellos que, bajo la apariencia de revolucionarios, buscan solamente su propio beneficio. Los términos "revolucionarios" y "ñángaras," cargados de significados específicos, nos ayudan a entender esta dualidad en la búsqueda del cambio. Al analizar revoluciones emblemáticas como la Francesa o la Mexicana, encontramos que los verdaderos revolucionarios surgieron de las entrañas de sociedades que clamaban por justicia. La Revolución Francesa, por ejemplo, fue el resultado de una burguesía en ascenso que, cansada del yugo monárquico, decidió tomar las riendas de su futuro. Su lucha no solo buscaba derrocar a un sistema opresor, sino establecer un modelo que favoreciera a la colectividad. En este sentido, los revolucionarios no solo anhelaban el poder, sino que también abogaban por valores democráticos y liberales que cambiarían la historia del país. Por otro lado, la Revolución Mexicana también es un claro ejemplo de un movimiento que, si bien comenzó con nobles ideales, se vio rápidamente distorsionado y desvirtuado. La lucha por la tierra y derechos laborales se convirtió en un juego de poder donde muchas facciones se alzaron, pero donde los verdaderos beneficiarios de los cambios fueron, en muchas ocasiones, los nuevos líderes que surgieron del caos. Así, el país quedó atrapado en una dictablanda que, si bien prometía transformaciones, terminó perpetuando estructuras de poder que beneficiaban a un pequeño grupo. La Revolución Rusa, con su complejidad y sus múltiples fases, nos ofrece otra perspectiva sobre esta dicotomía. Si bien al principio se luchó por un cambio significativo que buscaba la justicia social, el proceso fue secuestrado por el totalitarismo. Los ideales revolucionarios fueron rápidamente desplazados por la represión y las purgas, dejando un legado de sufrimiento y miedo que se alejaba cada vez más de las aspiraciones de la sociedad que había exigido el cambio. Es aquí donde se introduce la figura del "ñángara." Este término, que se asocia con aquellos que se benefician del desorden y la corrupción, describe a individuos que, en lugar de trabajar por el bien común, persiguen intereses personales. En la historia de las revoluciones, los ñángaras son aquellos que capitalizan el caos, que trafican influencias y que utilizan a los verdaderos idealistas como peones en su juego de poder. Su presencia en el escenario político es un recordatorio de que no todos los que claman por un cambio están motivados por el deseo de justicia social. En América Latina, el caso cubano es emblemático de cómo un movimiento revolucionario puede dar paso a la aparición de estos ñángaras. Mientras que en un inicio hubo promesas de igualdad y justicia, el régimen que siguió a la Revolución Cubana se ha visto marcado por la opresión y la privación de libertades. En este sentido, los ideales que motivaron la revolución se han visto traicionados por aquellos que se han beneficiado del poder y la represión. La influencia negativa de los ñángaras se ha extendido a otros países de la región, como Venezuela, donde las estructuras corruptas y el narcotráfico han socavado las bases de una sociedad que anhelaba un cambio. En estos contextos, los autodenominados revolucionarios se convierten en cómplices del deterioro de las instituciones, lo que genera una espiral de violencia y desesperanza entre la población. Hoy en día, en lugares como Honduras, la pregunta sobre si estamos ante verdaderos revolucionarios o simplemente ante ñángaras se vuelve aún más pertinente. En un contexto de descontento y corrupción, es crucial que la ciudadanía mantenga su capacidad de discernimiento. Cada voto cuenta y puede ser la diferencia entre un futuro de oportunidades y uno de perpetuación de privilegios. Es fundamental que los ciudadanos analicen cuidadosamente a quienes se presentan como líderes del cambio. Conocer la historia de las revoluciones y sus protagonistas nos ayuda a entender las consecuencias que pueden surgir de la combinación entre ideales nobles y ambiciones personales. La lucha por la justicia social no debe ser secuestrada por aquellos que solo buscan su beneficio propio. Al final, la decisión recae en la sociedad misma. La historia nos ha enseñado que la lucha por un cambio verdadero es ardua y que, en el camino, es fácil perderse entre los que realmente buscan un futuro mejor y aquellos que simplemente buscan aprovecharse del clamor popular. La tarea de discernir entre revolucionarios y ñángaras es una responsabilidad que cada ciudadano debe asumir.