
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




En un contexto de creciente agitación social y política, la figura de Reza Pahlavi, hijo del último shah de Irán, ha resurgido como un símbolo de oposición al régimen teocrático iraní. Durante la revuelta de 2022, cuando la población, especialmente las mujeres y los jóvenes, se lanzaron a las calles en un intento de derrocar la dictadura religiosa, Pahlavi emprendió un periplo por Europa en busca de apoyo tanto político como mediático. Sin embargo, su falta de un programa claro y su declaración de no querer sacrificar su bienestar en Estados Unidos por la lucha en Irán han suscitado dudas sobre su compromiso con la causa. Un analista político con vínculos al régimen iraní ha argumentado que el monarquismo, en su actual estado, podría ser visto como una oportunidad para la República Islámica. Según este análisis, los monárquicos carecen de la posibilidad real de acceder al poder y, al mismo tiempo, contribuyen a la fragmentación de la oposición, lo que resulta beneficioso para el régimen. Esta dinámica plantea interrogantes sobre el papel que los monárquicos podrían desempeñar en el futuro político de Irán, especialmente en un país donde las experiencias históricas de monarquía han dejado una profunda huella. Las monarquías en Irán tienen una tradición que se remonta a varios milenios. No obstante, la legitimidad de estos regímenes ha ido disminuyendo con el tiempo, especialmente después de la caída de la dinastía Qâdjâr. A partir de la revolución constitucional de 1906, que promovió una mayor participación popular en el gobierno, la monarquía fue perdiendo su relevancia, culminando con el derrocamiento del régimen Pahlavi en 1979. Desde entonces, el pueblo iraní ha buscado alternativas que promuevan la democracia y el respeto a los derechos humanos, un deseo que resonó en los eslóganes de la revuelta reciente. A pesar de los intentos de los monárquicos por establecerse como una alternativa política, su influencia parece limitarse a las redes sociales y ciertos círculos en el exilio. Muchos de los que se identifican con esta corriente ignoran un elemento clave de la historia: la represión que sufrieron los partidos democráticos durante el régimen del sha, que facilitó la llegada de la República Islámica al poder. Esta falta de reconocimiento de su propio pasado limita aún más la credibilidad de los monárquicos como fuerza política en el presente. La reciente campaña "Doy mi poder", destinada a consolidar a Reza Pahlavi como líder indiscutible de la oposición, fracasó rotundamente. La respuesta negativa de la diáspora iraní subraya el vacío de apoyo que enfrentan los monárquicos, quienes luchan por encontrar su lugar en un paisaje político que ha cambiado radicalmente desde la revolución de 1979. Esta dinámica se ha visto exacerbada por la percepción de que incluso aquellos países que se oponen abiertamente al régimen teocrático de Irán prefieren apoyar a otros grupos de oposición en lugar de a los monárquicos. Un aspecto intrigante es el elevado uso de las redes sociales por parte de los monárquicos, lo que plantea la cuestión de si cuentan con apoyo interno o con recursos provenientes de antiguos funcionarios de inteligencia del régimen. La riqueza acumulada por la familia Pahlavi durante su mandato y posteriormente transferida al extranjero también ha facilitado su visibilidad, pero no ha logrado traducirse en un programa político coherente que resuene con las demandas del pueblo iraní. A medida que el régimen de la República Islámica enfrenta una creciente presión interna y externa, la situación en la región se ha vuelto cada vez más caótica. Las políticas del régimen, que han incluido la toma de rehenes y la exportación de terrorismo, han alimentado la inestabilidad en Oriente Medio durante más de cuatro décadas. En este contexto, manifestaciones como la reciente en París, donde se pide el fin del sufrimiento de los prisioneros políticos, son un recordatorio del deseo del pueblo por la libertad y la justicia. Los llamados a la comunidad internacional para que reconozcan el derecho del pueblo iraní a resistir se han vuelto más urgentes. La manifestación del 8 de febrero de 2025 en París se perfila como un hito para los iraníes que abogan por una república democrática y laica en su país. Este evento será una oportunidad para que la comunidad internacional escuche las voces de aquellos que han estado en la lucha por su libertad durante décadas. En conclusión, el futuro de la oposición iraní, incluidos los monárquicos, es incierto. La historia reciente sugiere que la población está poco dispuesta a aceptar un regreso a un sistema monárquico, por lo que cualquier intento de los monárquicos por reclamar un papel protagónico en la política iraní deberá enfrentarse a un desafío monumental. La lucha por la libertad en Irán no se detendrá, y el momento de escuchar y apoyar a los verdaderos defensores de la democracia en el país es ahora, en un contexto donde la esperanza de un cambio significativo sigue viva.