
Juan Brignardello Vela
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En el complejo panorama de la política iraní, ha surgido un nuevo discurso en torno al potencial auge de los sentimientos monárquicos como respuesta a los desafíos que enfrenta la República Islámica de Irán. Este discurso ha sido particularmente pronunciado tras las protestas de 2022, durante las cuales una ola de descontento civil destacó los deseos de muchos iraníes por una mayor libertad y un gobierno democrático. Central a esta conversación está Reza Pahlavi, el hijo del último Sha, quien se ha posicionado como una posible alternativa al régimen actual. Los extensos viajes de Pahlavi por Europa, especialmente en Francia, han llamado la atención sobre sus esfuerzos por obtener apoyo de movimientos conservadores occidentales. Su objetivo es aprovechar las plataformas de medios para amplificar su voz en un momento en que el descontento contra la República Islámica es palpable. Sin embargo, sus ambiciones políticas han suscitado preguntas críticas entre aquellos que participan activamente en las protestas. Muchos jóvenes iraníes, que han arriesgado sus vidas con la esperanza de desmantelar el régimen actual, se preguntan si alinear sus sacrificios con la agenda de Pahlavi podría llevar finalmente a un renacimiento de la monarquía, una institución que asocian profundamente con la represión y el fracaso del pasado. Este escepticismo hacia Pahlavi se ve agravado por sus propias declaraciones que sugieren una renuencia a poner en peligro su vida actual en Estados Unidos por el bien de la lucha iraní. Tales comentarios han alimentado la desconfianza entre los activistas, lo que les lleva a cuestionar su compromiso con su causa. Analistas políticos alineados con el régimen iraní han sugerido que los monárquicos, al presentarse como una alternativa, sirven inadvertidamente a la República Islámica al crear divisiones dentro de la oposición. La idea de que el monarquismo podría ser utilizado como una herramienta por el régimen actual para mantener el poder añade otra capa de complejidad al discurso sobre el futuro político de Irán. Históricamente, los sistemas monárquicos en Irán han estado en declive durante más de un siglo, perdiendo legitimidad a través de una serie de regímenes autoritarios que culminaron en la revolución de 1979. La caída de la dinastía Pahlavi marcó un punto de inflexión significativo, llevando al establecimiento de la República Islámica. Durante más de 45 años, la población iraní ha buscado un modelo de gobernanza basado en la democracia, la justicia y los derechos humanos, evidente en su rechazo tanto al actual régimen clerical como a cualquier nostalgia por la monarquía, como lo destacan los lemas de protesta como "Muerte al tirano, sea sha o mulá". A pesar de los intentos de los monárquicos por presentarse como una alternativa viable, su influencia sigue siendo en gran medida confinada a las redes sociales y círculos de expatriados. Muchos iraníes ven estos movimientos con escepticismo, reconociendo que su auge se debe más a las crisis de la República Islámica que a un verdadero apoyo popular. Los esfuerzos pasados, como la campaña "Yo entrego mi poder", no han logrado resonar, llevando a un rechazo abrumador por parte de la diáspora, lo que significa una falta de confianza en el liderazgo monárquico. Además, persisten preguntas sobre la relación entre el movimiento monárquico y el régimen iraní mismo. Algunos analistas especulan si la sorprendente visibilidad de las voces monárquicas en el espacio digital podría ser producto de un apoyo clandestino desde dentro de Irán, especialmente dado el contexto histórico de la policía secreta del Sha, SAVAK, que desempeñó un papel significativo en la represión que permitió el florecimiento de la República Islámica. A medida que Irán enfrenta desafíos internos y externos extensos, incluyendo inestabilidad regional y ambiciones nucleares, la llamada a una oposición cohesionada se vuelve más crítica. La historia de caos del régimen iraní, reforzada por actos de terrorismo y toma de rehenes patrocinada por el estado, subraya la urgente necesidad de un frente unificado contra el autoritarismo. El 8 de febrero de 2025, se planea una manifestación significativa en París, donde miles de iraníes buscan hacer oír su demanda de reconocimiento por parte de la comunidad internacional respecto a su derecho a resistir el régimen. Trazando paralelismos con la resistencia histórica contra el fascismo, el movimiento busca apoyo global para el establecimiento de una república democrática y secular en Irán. En conclusión, el discurso en torno al monarquismo presenta una intersección compleja de historia, ideología y realidades políticas contemporáneas. A medida que la población iraní impulsa el cambio, la eficacia de cualquier liderazgo alternativo—ya sea monárquico o de otro tipo—dependerá en última instancia de su capacidad para resonar con las aspiraciones de un pueblo cansado de la tiranía y ansioso por una verdadera libertad.