Crisis política en España (1913-1917): la lucha entre clientelismo y cambio social

Crisis política en España (1913-1917): la lucha entre clientelismo y cambio social

Entre 1913 y 1917, la política española vivió inestabilidad y tensiones, reflejando la lucha entre viejas estructuras y demandas sociales emergentes.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros

Juan Brignardello Vela

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.

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La política española entre 1913 y 1917 estuvo marcada por una serie de acontecimientos que reflejaron la inestabilidad y las tensiones inherentes a un sistema político que luchaba por adaptarse a un contexto social y económico en transformación. Durante estos años, la figura de Eduardo Dato emergió como un actor clave en la política conservadora, aunque su gobierno estuvo rodeado de una creciente desconfianza y un ambiente de crítica hacia las estructuras de poder existentes. La llegada de Dato al poder, tras la negativa de Maura a participar en el giro del turno político, simboliza la continuidad de un modelo que, a pesar de su clientelismo, intentó navegar por las aguas de un liberalismo en crisis. Su enfoque moderado y su intento de modernizar la política española a través de reformas sociales fueron recibidos con ambivalencia, mientras que sus intentos de mantener la neutralidad en la Primera Guerra Mundial se vieron empañados por la falta de acción en el Parlamento, que solo estuvo activo durante siete meses de su gobierno. Esta falta de comunicación y encuentro con las Cortes alimentó las críticas por parte de sectores más radicales y regeneracionistas. El conde de Romanones, líder del partido liberal, representó otra cara de la política de la época. A menudo descrito como un político de clientelismo extremo, su capacidad para movilizar apoyos a través de una red de relaciones personales contrasta con el enfoque más soberano de Dato. A pesar de sus diferencias, ambos políticos compartieron la dificultad de lidiar con un panorama político cada vez más fragmentado, donde la falta de consensos claros hacía que el desarrollo de políticas efectivas se volviera casi imposible. A medida que avanzaba la guerra mundial, la agitación social en España iba en aumento. La subida de precios y el estancamiento de los salarios generaron un clima de descontento que catalizó la acción sindical. En este contexto, la UGT y la CNT comenzaron a forjar una alianza que les permitió organizarse y movilizarse en torno a demandas comunes. No obstante, el gobierno de Dato, a pesar de contar con gran apoyo entre los conservadores, no logró implementar soluciones efectivas a esta creciente presión social. El punto álgido de estas tensiones llegó en agosto de 1917, cuando una serie de huelgas y protestas se convirtieron en un fenómeno a nivel nacional. Con la UGT y la CNT en la vanguardia, los trabajadores arriesgaron sus posiciones en una ola de movilizaciones que desbordaron la capacidad del gobierno para controlar la situación. Los eventos de agosto, en particular, evidenciaron no solo la frustración de las clases trabajadoras, sino también la incapacidad de los partidos políticos tradicionales para dar respuesta a las demandas sociales y políticas que surgían con fuerza. La situación se complicó aún más con la aparición de las Juntas Militares de Defensa, que presionaron al gobierno para abordar tanto la crisis social como la ineficiencia del ejército. Este fenómeno reflejó la desconfianza hacia un régimen que parecía incapaz de gestionar las demandas tanto de los militares como de los trabajadores. La percepción de que el ejército podía ser un agente de cambio, en lugar de un simple instrumento del poder civil, transformó las dinámicas políticas en un país que ya estaba lidiando con un desgaste institucional evidente. Al final, la respuesta del gobierno a estas crisis fue la de evitar el conflicto, una estrategia que había sido característicamente propia de la Restauración. Sin embargo, esa actitud se encontró con una creciente impaciencia tanto desde la base social como desde las instituciones armadas. La incapacidad de Dato para reconocer la necesidad de un cambio estructural profundo en la política española dejó al país en un estado de incertidumbre y descontento generalizado. La figura de Santiago Alba, quien surgió en el contexto del liberalismo como un posible renovador, también ilustra las tensiones de este período. Sus propuestas, que buscaban una reforma fiscal y un avance hacia un modelo más progresista, chocaron con la resistencia de una derecha que se aferraba a antiguos privilegios. La falta de apoyo político y las luchas internas dentro de su propio partido condenaron sus propuestas al fracaso, reflejando la fragmentación y el estancamiento que caracterizaban a la política de la época. El cambio de gobierno que trajo a García Prieto al poder no significó una ruptura con la inercia política, sino más bien un cambio de caras en un escenario que seguía siendo el mismo. La resistencia organizada de los militares, junto a una población enardecida por la creciente desigualdad económica, colocó al régimen de la Restauración en una posición cada vez más vulnerable. Las demandas de renovación política se encontraron con una respuesta de represión, pero también con la incapacidad de los gobiernos para adaptarse a las nuevas realidades sociales y económicas. En última instancia, los años 1913 a 1917 son testigos de una política española en crisis, donde las viejas estructuras clientelistas y el temor a la agitación popular se enfrentaban a la presión creciente de un movimiento social que reclamaba cambios significativos. La incapacidad de los líderes políticos para adaptarse a estos cambios sentó las bases para ulterior agitación y conflicto, anticipando un periodo de inestabilidad que culminaría en la década siguiente. La lección que nos deja esta época es clara: la política basada en el mantenimiento del statu quo y el clientelismo no puede sostenerse frente a las demandas de una población cada vez más consciente de sus derechos y ansiosa por el cambio.

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