
Juan Brignardello Vela
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En un enfrentamiento cautivador que perdurará en la memoria de ambos grupos de aficionados, el Real Madrid triunfó sobre el Atlético de Madrid 1-0 en el partido de vuelta de su eliminatoria de octavos de final de la Liga de Campeones, con el marcador global empatado 2-2. El Real Madrid avanzó a los cuartos de final, ganando 3-1 en penales, con Antonio Rudiger sellando la victoria tras una tensa tanda de penales que mostró el drama sinónimo de estos feroces rivales. El partido comenzó con un inicio explosivo, ya que el Atlético de Madrid sorprendió a sus oponentes al marcar solo 27 segundos después del inicio. Un preciso centro de Rodrigo De Paul encontró a Conor Gallagher, quien lo envió al fondo de la red, marcando el gol más rápido en la historia de la Liga de Campeones para el Atlético y estableciendo un récord para el gol más rápido de un inglés en un derbi madrileño. El gol temprano envió ondas de choque a través del Estadio Metropolitano y proporcionó al Atlético un impulso de confianza. Sin embargo, el Real Madrid luchó por encontrar su ritmo en la primera mitad, mostrando una actuación decepcionante que dejó a muchos aficionados y comentaristas desconcertados. A pesar de dominar la posesión, no lograron crear oportunidades claras, con la influencia de Kylian Mbappé sofocada por una defensa atlética resuelta. En la primera mitad, el Madrid registró solo tres disparos, un contraste marcado con su habitual poder ofensivo. A medida que avanzaba la segunda mitad, la tensión aumentó, llevando a un momento crucial cuando Clement Lenglet cometió falta sobre Mbappé en el área, otorgando un penalti al Real Madrid. Vinicius Junior, bajo una inmensa presión debido a abusos racistas previos en el Metropolitano, se presentó para ejecutar el penalti, pero sorprendentemente lo envió por encima del travesaño. La falla fue desgarradora para el joven delantero, quien había sido objeto de hostilidad desde las gradas a lo largo del partido. Con ninguno de los dos equipos capaz de romper el empate en el tiempo reglamentario, el partido se extendió a la prórroga, donde ambos equipos tuvieron sus oportunidades, pero finalmente no lograron marcar. El drama culminó en una tanda de penales, recordando la final de la Liga de Campeones de 2016, con las apuestas en un punto álgido. En la tanda de penales, cada equipo experimentó momentos de esperanza y desesperación. Federico Valverde y Jude Bellingham convirtieron sus penales para el Real Madrid, mientras que Alexander Sorloth del Atlético anotó con potencia. Sin embargo, la presión aumentó cuando el esfuerzo de Álvarez fue anulado por un doble toque, dejando a los aficionados del Atlético en incredulidad. El posterior disparo de Marcos Llorente golpeó el travesaño, devastando sus posibilidades. El momento decisivo llegó cuando Rudiger se presentó, enviando un disparo bajo que se coló entre las piernas de Jan Oblak, sellando el lugar del Real Madrid en la siguiente ronda. La celebración del Madrid fue agridulce, ya que lucharon durante todo el partido, pero, como suele ser el caso en su ilustre historia, encontraron la manera de ganar cuando más lo necesitaban. Para el Atlético, la derrota fue particularmente dolorosa. El equipo de Diego Simeone había superado a sus rivales en porciones significativas del partido y había creado más oportunidades. El desgarro de perder de una manera tan dramática sin duda los perseguirá, dada la entrega y pasión mostradas en el campo. Mientras el Real Madrid ahora mira hacia adelante para enfrentarse al Arsenal en los cuartos de final, quedan preguntas sobre su forma y si podrán enfrentar el desafío de recuperar la gloria en Europa. Para el Atlético, el enfoque se trasladará a reagruparse y encontrar una manera de canalizar su fuerte rendimiento en futuros partidos, mientras continúan buscando el éxito en La Liga y más allá.