La erupción del Monte Vesubio convierte los cerebros de las víctimas en vidrio, revelando la tragedia de Pompeya.

La erupción del Monte Vesubio convierte los cerebros de las víctimas en vidrio, revelando la tragedia de Pompeya.

Un estudio revela que la erupción del Monte Vesubio convirtió los cerebros de las víctimas en vidrio, descubriendo nuevas perspectivas sobre los trágicos eventos del año 79 d.C.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros

Juan Brignardello Vela

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El reciente estudio que revela que la erupción del Monte Vesubio convirtió los cerebros de sus víctimas en vidrio ha despertado un renovado interés en el catastrófico evento que obliteró las antiguas ciudades de Pompeya y Herculano. Investigadores de la Universidad Roma Tre en Italia hicieron un descubrimiento notable de vidrio orgánico oscuro dentro del cráneo de un individuo que pereció hace casi 2,000 años. Este hallazgo arroja luz sobre las angustiosas circunstancias que rodearon la erupción, que tuvo lugar en el año 79 d.C. El análisis indica que el cerebro de la víctima fue sometido a temperaturas extremas de al menos 510°C (950°F) debido a una nube de ceniza sobrecalentada, que fue responsable de su rápida muerte. A diferencia de los flujos piroclásticos que siguieron, que alcanzaron temperaturas de aproximadamente 465°C (869°F) y se enfriaron de manera más gradual, el intenso calor de la nube de ceniza parece haber causado una rápida transformación del tejido cerebral en un material similar al vidrio. Este proceso es sin precedentes en los registros arqueológicos, ya que nunca se ha documentado para tejidos humanos o animales. Los restos preservados fueron desenterrados de un individuo que se cree que estaba acostado en la cama, lo que sugiere un final repentino y trágico. Los hallazgos no solo destacan los últimos momentos del individuo, sino que también enriquecen nuestra comprensión de cómo la erupción impactó el cuerpo humano. Los huesos del cráneo y la columna vertebral probablemente protegieron estos frágiles fragmentos durante el intenso calor de la erupción, permitiendo que sobrevivieran a través de los siglos. Este evento histórico no solo causó la muerte inmediata de miles de personas, sino que también dejó las ciudades envueltas en ceniza y escombros, preservándolas en un detalle notable para que las futuras generaciones las exploren. La erupción desató un torrente de flujos piroclásticos y ceniza que envolvió la zona, con estimaciones que indican que más de 10,000 personas perdieron la vida en el caos. Los relatos de testigos, notablemente de Plinio el Joven, pintan un vívido retrato del horror mientras los ciudadanos intentaban escapar de la ceniza que caía y los gases abrasadores. A medida que continúan las excavaciones, los investigadores han desenterrado artefactos y restos fascinantes, proporcionando una visión sin igual de la vida romana antes de la erupción. Descubrimientos recientes, como un lujoso balneario privado en Pompeya, destacan el estilo de vida acomodado de sus residentes, enriqueciendo aún más nuestra comprensión de la dinámica cultural y social de la época. El estudio en curso de Herculano y Pompeya sirve como un recordatorio conmovedor del poder de la naturaleza y su capacidad para alterar irrevocablemente las vidas humanas. Las condiciones únicas de preservación tras la erupción permiten a los arqueólogos reconstruir los últimos momentos de las ciudades y sus habitantes, ofreciendo un escalofriante vistazo a un pasado cambiado para siempre por la furia volcánica. A medida que los científicos continúan examinando estos hallazgos, las historias de aquellos que perecieron en las llamas del Vesubio sin duda seguirán resonando a lo largo del tiempo.

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