La caldera de Long Valley se agita: los científicos monitorean el supervolcán oculto del norte de California.

La caldera de Long Valley se agita: los científicos monitorean el supervolcán oculto del norte de California.

Los científicos están monitoreando la Caldera de Long Valley, que muestra signos de actividad, pero una erupción catastrófica no es inminente.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros

Juan Brignardello Vela

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.

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A medida que la atención sigue centrada en Yellowstone y su potencial de destrucción, los científicos han dirigido su mirada hacia un supervolcán menos publicitado que acecha en el norte de California: la Caldera del Valle Largo. Este gigante geológico está en movimiento, aunque no de una manera que sugiera que una erupción catastrófica es inminente. En cambio, un informe reciente del Instituto de Tecnología de California (CIT) ha destacado una serie de cambios significativos en esta caldera, indicando una compleja interacción de procesos geológicos que podrían tener implicaciones de gran alcance. La Caldera del Valle Largo, que abarca aproximadamente 10 por 20 millas, se formó por una supererupción hace aproximadamente 760,000 años. Esta erupción fue tan poderosa que la ceniza del evento cubrió vastas regiones, incluyendo lo que ahora es Los Ángeles, sepultándolo bajo una gruesa capa de material volcánico. Hoy en día, la caldera sigue siendo un sitio de actividad geotérmica, albergando aguas termales y fumarolas que alimentan la planta de energía Casa Diablo, suministrando energía a alrededor de 40,000 hogares. Estudios recientes han revelado que la caldera está experimentando deformaciones del terreno y un aumento de actividad sísmica, con casi 2,000 eventos sísmicos registrados durante un período de monitoreo de seis meses. Utilizando un cable de fibra óptica de 100 kilómetros de largo, los científicos han podido producir una imagen de alta resolución del subsuelo de la caldera, arrojando luz sobre las dinámicas en juego bajo su superficie. Notablemente, los investigadores concluyeron que esta actividad sísmica proviene de procesos de enfriamiento dentro del profundo reservorio de magma en lugar de calentamiento, lo cual es una distinción significativa. El geofísico Zhongwen Zhan enfatiza que el enfriamiento del reservorio de magma, evidenciado por una tapa endurecida de roca en cristalización, no indica que la región se esté preparando para otra supererupción. Sin embargo, este enfriamiento podría resultar en la liberación de gases y líquidos que podrían llevar a pequeños terremotos y mini-erupciones. Tales fenómenos, aunque preocupantes, no se espera que representen una amenaza significativa para las poblaciones cercanas. Los registros históricos de sismicidad en la Caldera del Valle Largo destacan su potencial para el desasosiego. En la década de 1970 y particularmente durante mayo de 1980, el área experimentó una serie de terremotos sustanciales, incluyendo cuatro con magnitudes superiores a seis. Esta historia subraya la importancia del monitoreo continuo, y la Encuesta Geológica de EE. UU. (USGS) ha estado rastreando activamente la caldera a través de una serie de instrumentos de base terrestre para recopilar datos en tiempo real. A pesar de la inquietud de la Caldera del Valle Largo, los expertos son cautelosos en sus evaluaciones. Si bien el potencial para mini-erupciones y actividad sísmica sigue presente, no se proyecta que la caldera erupcione catastróficamente en un futuro cercano. Esta comprensión permite a los científicos centrarse en refinar las técnicas de monitoreo y mejorar los modelos predictivos, con planes para un cable sísmico de 200 kilómetros de largo para estudiar más a fondo los procesos volcánicos subyacentes. La situación actual sirve como un recordatorio oportuno de la naturaleza dinámica de la geología de la Tierra. A medida que el suelo se mueve y tiembla, destaca la necesidad de vigilancia en el monitoreo de la actividad volcánica. La inquietud de la Caldera del Valle Largo, caracterizada por la deformación del terreno y la sismicidad, ilustra la importancia de interpretar los procesos magmáticos subterráneos y refuerza el papel crítico de la investigación científica en la evaluación de los peligros geológicos. En conclusión, aunque la Caldera del Valle Largo puede no estar al borde de una supererupción, su despertar demanda atención. A medida que los científicos continúan sus observaciones, la inquietud de este supervolcán sirve como un recordatorio humildemente de la imprevisibilidad de la naturaleza y la búsqueda continua por comprender las fuerzas que moldean nuestro planeta. Cuanto más aprendemos, mejor preparados estamos para navegar las complejidades de los fenómenos geológicos y garantizar la seguridad de las comunidades que viven cerca de estas poderosas características naturales.

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