
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




El regreso de Andrey Rublev a los Campeonatos de Tenis de Dubái esta semana marca un punto de inflexión significativo en su carrera, especialmente cuando se compara con la tumultuosa experiencia del año pasado. Hace un año, Rublev enfrentó un momento de indignación pública, que culminó en su descalificación durante un partido de semifinales contra Alexander Bublik. El incidente, alimentado por la frustración ante una controvertida decisión de línea, lo llevó a arremeter contra un juez de línea y desatar un torrente de ira hacia sí mismo, culminando en una default que le privó de su premio en metálico y de puntos de ranking. Este fue un punto bajo en lo que había sido un año desafiante para el ruso de 27 años, cuyas luchas emocionales en la cancha a menudo eclipsan su innegable talento. La visita de este año a Dubái encuentra a Rublev en un estado mental notablemente diferente. Tras una exitosa campaña en el Abierto de Catar, donde se coronó campeón al derrotar a Jack Draper, Rublev está adoptando una nueva perspectiva tanto sobre su tenis como sobre su crecimiento personal. "A veces aprendes más de los peores casos", reflexionó en una reciente entrevista, demostrando una madurez que parece haber surgido de las cenizas de sus frustraciones anteriores. El viaje de Rublev a través de la adversidad ha sido bien documentado. En mayo, enfrentó un absceso de garganta no diagnosticado que le dificultaba respirar y tragar, pero logró triunfar en el Abierto de Madrid, un testimonio de su resiliencia. Sin embargo, el costo físico de esa victoria, combinado con sus batallas emocionales, llegó a un punto crítico en el Abierto de Francia, donde mostró una severa autocrítica durante una derrota en tercera ronda. La intensidad de sus frustraciones alcanzó un pico en Wimbledon, donde una eliminación en primera ronda lo llevó a admitir sentimientos de depresión y una significativa explosión emocional. Sin embargo, son precisamente estas luchas las que han moldeado el enfoque renovado de Rublev hacia el deporte. Reconoce que su comportamiento en la cancha, a menudo caracterizado por momentos de autodesprecio e ira, no es indicativo de su verdadero carácter. Fuera de la cancha, es tranquilo y contemplativo, cualidades que contrastan marcadamente con la naturaleza tempestuosa de su juego. Al reflexionar sobre su año pasado, Rublev reconoce un cambio en su mentalidad, uno que enfatiza la autoaceptación. "Todavía me frustro, todavía me enciendo", admitió con sinceridad. Sin embargo, ha estado trabajando activamente en gestionar estas emociones, como se evidenció durante sus recientes partidos en Doha, donde mostró momentos de humor y calma en medio de la presión competitiva. La evolución de Rublev también ha incluido la búsqueda de apoyo psicológico y el aprendizaje para abrazar sus éxitos en lugar de centrarse en sus reveses. Su victoria en Doha, donde logró mantener la compostura a pesar de múltiples puntos de partido fallidos, ha revitalizado su confianza en sí mismo. Habló de sentirse "súper emocionado" por su futuro en el tenis, comparando su nueva perspectiva con la emoción de conducir un coche nuevo, ansioso por explorar este territorio inexplorado en su vida emocional y profesional. De cara al futuro, el viaje de Rublev sirve como un testimonio de la naturaleza compleja de los deportes competitivos, donde las batallas personales a menudo se entrelazan con las aspiraciones profesionales. Su disposición a confrontar su turbulencia interna y esforzarse por una relación más saludable con su juego puede resonar con muchos, no solo en el ámbito del tenis, sino en el contexto más amplio de la psicología del rendimiento. Al pisar nuevamente las canchas de Dubái, hay un palpable sentido de esperanza que rodea la narrativa de Rublev, una esperanza que sugiere que finalmente podría estar en condiciones de aprovechar su formidable talento sin el peso de la autocrítica que lo arrastra hacia abajo.