Wellington Celebra 170 Años: Honrando la Historia Mientras se Prepara para Futuras Sacudidas.

Wellington Celebra 170 Años: Honrando la Historia Mientras se Prepara para Futuras Sacudidas.

Wellington celebra 170 años mientras reflexiona sobre el terremoto y tsunami de 1855, instando a los residentes a priorizar la preparación para desastres.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros

Juan Brignardello Vela

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.

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Mientras los habitantes de Wellington celebraban su fin de semana de aniversario, un aire de nostalgia impregnaba el ambiente, fusionándose con la emoción de las festividades que marcaban 170 años de historia de la región. Las calles, llenas de visitantes, el entusiasmo de las regatas y los vítores de los eventos de carreras de caballos pintaban un cuadro idílico de espíritu comunitario y unidad. Sin embargo, a medida que se acercaba la noche y el reloj marcaba las 9:30 PM, los residentes fueron sacudidos de su ensueño festivo, arrojándolos a una reflexión sombría sobre un capítulo desgarrador del pasado de su ciudad. Hace ciento setenta años, Wellington fue transformada para siempre por el terremoto de Wairarapa, un evento catastrófico que ocurrió el 23 de enero de 1855. Con una magnitud de 8.2, el sismo sacudió el joven asentamiento colonial, haciendo que edificios se derrumbaran y laderas se deslizasen. Fue una noche que comenzó con familias relajándose después de un largo fin de semana de festividades, solo para verse sorprendidas por un violento temblor que dejó a las personas sintiéndose "muy enfermas". La conmoción sísmica no solo interrumpió el paisaje físico; alteró el mismo destino de la ciudad, elevando la tierra del mar más de un metro en algunas áreas, mientras que Wellington misma se desplazó aproximadamente 16 metros hacia el noreste. Como si el terremoto no fuera suficiente, la calamidad se vio agravada por un tsunami que llegó poco después, apenas diez minutos después del sismo inicial. Los relatos de testigos describen una monstruosa ola de agua avanzando hacia el una vez próspero Lambton Quay, causando estragos y arrastrando escaparates. La marea en retirada dejó detrás una escena surrealista: miles de peces muertos esparcidos por la bahía, un recordatorio contundente de la indiferencia de la naturaleza. El impacto del tsunami se sintió con mayor intensidad a lo largo de la costa sur, con olas lo suficientemente altas como para arrastrar estructuras que alguna vez se consideraron seguras. Si bien Wellington es a menudo considerada un centro de actividad sísmica, la amenaza de tsunamis es igualmente significativa. El lecho marino del Estrecho de Cook, entrelazado con fallas activas, representa un riesgo constante para tales desastres. Comprender este peligro es vital, especialmente considerando que los tsunamis pueden ocurrir con poco o ningún aviso. El Modelo Nacional de Peligro de Tsunami revela que, aunque los grandes tsunamis son poco frecuentes—con un promedio de uno cada 2,500 años—los que provienen de fuentes locales como la zona de subducción de Hikurangi pueden llegar en solo minutos. Esta realidad sobria subraya la urgente necesidad de estar preparados. Se aconseja a los residentes que presten atención a señales naturales, como temblores prolongados o sonidos inusuales del mar, ya que estos indican una amenaza potencial de tsunami. La llamada a la acción es clara: “Si el temblor es largo o fuerte, ¡sal de ahí!”. Las lecciones aprendidas de tragedias pasadas, como el tsunami del Día de San Esteban en 2004 y el tsunami de Tōhoku en 2011, enfatizan la importancia de la autoevacuación. Aquellos que reconocen las señales y evacuan rápidamente tienen muchas más probabilidades de sobrevivir. La historia de Wellington ofrece valiosas lecciones. Durante el terremoto de Kaikōura en 2016, los residentes que evacuaron en respuesta al temblor prolongado demostraron la efectividad de la preparación, incluso si el tsunami posterior fue menos severo de lo temido. Sin embargo, este incidente también destacó los desafíos de evacuar un área densamente poblada. La congestión del tráfico y los cuellos de botella se hicieron evidentes, lo que llevó a llamados para mejorar la planificación y la infraestructura para facilitar evacuaciones rápidas. A raíz de este aniversario, se anima a los habitantes de Wellington a reflexionar sobre su propia preparación. Ya sea evaluando la seguridad de sus espacios habitables, identificando rutas de evacuación alternativas o uniéndose a los vecinos en centros de emergencia comunitarios, ser proactivo puede marcar una gran diferencia. Saber a dónde ir y qué hacer cuando ocurre un desastre puede salvar vidas. Al conmemorar el aniversario de este histórico terremoto y tsunami, sirve como un poderoso recordatorio de la importancia de la memoria. Así como honramos el pasado para mejorar nuestra preparación para el futuro, invitamos a todos los wellingtonianos a transformar sus rituales de fin de semana en prácticas útiles. Una simple caminata o paseo en bicicleta puede convertirse en una oportunidad para discutir planes de evacuación y refrescar kits de emergencia, asegurando que la comunidad esté lista para enfrentar lo que la naturaleza les depare. En una ciudad reconocida por su resiliencia, combinar las lecciones de la historia con el espíritu comunitario puede forjar un futuro más seguro. Después de todo, como señaló un residente durante los tumultuosos tiempos de 1855, el reconocimiento y la acción oportuna fueron clave para la supervivencia. En esta temporada de aniversario, honremos el pasado mientras nos preparamos para los desafíos que nos esperan.

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