
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




La crisis climática ha pasado de ser una preocupación lejana a una realidad inmediata, manifestándose a través de una serie de eventos catastróficos que están remodelando comunidades y economías. Informes recientes subrayan la gravedad de esta crisis, destacando cómo el cambio climático no es simplemente un telón de fondo, sino un amplificador significativo de desastres naturales y patrones climáticos extremos. Solo en 2024, los desastres naturales generaron asombrosos $320 mil millones en daños globales, un aumento impactante de $52 mil millones en comparación con el año anterior, según un análisis de Munich Re. Los datos revelan que casi todas las pérdidas financieras—el 93% del total y el 97% de las pérdidas aseguradas—se atribuyeron a eventos meteorológicos severos como inundaciones, incendios forestales y huracanes. Notablemente, los huracanes Helene y Milton fueron identificados como los eventos más destructivos del año. Esta tendencia subraya una preocupante realidad: a medida que el planeta se calienta, la frecuencia e intensidad de los eventos climáticos extremos se ven exacerbadas, lo que conlleva graves consecuencias financieras. En California, un estudio de UCLA ha arrojado luz sobre los recientes incendios forestales en la región, indicando que, si bien el cambio climático puede haber contribuido a la extrema sequedad de la vegetación, es probable que los incendios hubieran sido severos incluso en ausencia de impactos climáticos inducidos por el ser humano. El equipo de investigación señaló que la mayor parte de la sequedad—un factor crítico para alimentar estos incendios—se debió a la falta de precipitación invernal más que a la temperatura por sí sola. Esto resalta una compleja interacción entre la variabilidad climática natural y los factores antropogénicos que están intensificando estos eventos. A medida que la nación enfrenta la realidad de los desastres inducidos por el clima, se están tomando medidas a varios niveles para abordar y mitigar los impactos. El presidente Biden recientemente emitió una orden ejecutiva prohibiendo la perforación de petróleo y gas en alta mar en más de 625 millones de acres de océano. Esta decisión refleja un reconocimiento creciente de que la extracción de combustibles fósiles representa amenazas irreversibles para los ecosistemas y comunidades costeras. Si bien este movimiento ha sido elogiado por grupos ambientalistas, también ha enfrentado una fuerte oposición de la industria del petróleo y gas, que aboga por un enfoque equilibrado de la energía que incluya el desarrollo continuo de combustibles fósiles. En una línea similar, el estado de Nueva York ha establecido un innovador "Superfondo Climático", que requerirá que las grandes empresas de combustibles fósiles contribuyan financieramente a los proyectos de adaptación climática del estado. La iniciativa de la gobernadora Kathy Hochul busca responsabilizar a los contaminadores por los daños climáticos que han causado, imaginando un futuro donde la carga financiera del cambio climático no recaiga únicamente sobre los contribuyentes. A nivel global, el Reino Unido está emergiendo como un posible modelo para la producción de energía limpia, habiendo eliminado gradualmente la energía del carbón y confiando cada vez más en fuentes renovables. En 2024, las energías renovables representaron un récord del 45% de la generación de electricidad del país, demostrando un claro cambio lejos de los combustibles fósiles. En medio de estos desarrollos, una comprensión más profunda de la volatilidad climática es esencial. Investigaciones han mostrado que el calentamiento global no solo está aumentando la intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos, sino que también está contribuyendo a fluctuaciones significativas entre condiciones secas y húmedas—un fenómeno denominado "latigazo hidroclimático". Esta volatilidad está creando desafíos para la gestión del agua y la preparación ante desastres, lo que requiere medidas proactivas para adaptarse a estos cambios rápidos. Colectivamente, estas actualizaciones pintan un panorama sombrío de los desafíos que enfrentamos como resultado del cambio climático. Sin embargo, también revelan un compromiso creciente a niveles locales, nacionales y globales para enfrentar esta crisis multifacética a través de políticas innovadoras y un entendimiento científico. A medida que los impactos del cambio climático continúan desarrollándose, está claro que se necesita una acción urgente para proteger a las personas, los ecosistemas y las economías por igual. El camino por delante puede ser desalentador, pero los pasos dados hoy son cruciales para avanzar hacia un futuro más sostenible y resiliente.