
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




A medida que California lucha contra los devastadores efectos de los incendios forestales que una vez más asolan los vecindarios de Los Ángeles, la urgencia de un cambio de paradigma en la forma en que el estado aborda la gestión de desastres nunca ha sido más evidente. La trágica pérdida de vidas, hogares y negocios sirve como un sombrío recordatorio de la naturaleza cíclica de las calamidades que han atormentado durante mucho tiempo al Estado Dorado, desde incendios e inundaciones hasta terremotos y disturbios civiles. Si bien estos desastres pueden parecer un precio cósmico que se paga por la belleza natural y la riqueza del estado, también destacan una brecha persistente en las estrategias de preparación y prevención de desastres de California. Reflexionando sobre la tumultuosa historia de California con los desastres, es sorprendente notar que hace apenas seis décadas, el estado enfrentó inundaciones catastróficas que aniquilaron ciudades enteras en la región noroeste. La cuenca del río Eel fue inundada con la asombrosa cantidad de 22 pulgadas de lluvia en dos días, lo que llevó a la destrucción de hogares e infraestructura. El gobierno federal se vio obligado a despachar barcos de la marina para los esfuerzos de rescate, subrayando la magnitud de la crisis. Menos de un año antes, la misma región sufrió un tsunami provocado por un terremoto en Alaska, lo que muestra un preocupante patrón de peligros simultáneos. La historia de desastres del estado va más allá de los eventos relacionados con el clima. Durante el mandato del gobernador Pete Wilson en la década de 1990, cada condado en California experimentó al menos una declaración de desastre, con algunas regiones enfrentando múltiples crisis. Desde el terremoto de Northridge en 1994 hasta los disturbios de Rodney King y las severas inundaciones, California parecía ser un campo de juego para la desgracia. Las aspiraciones de Wilson por un "gobierno preventivo" fueron continuamente eclipsadas por una avalancha de emergencias, sin embargo, la necesidad de medidas preventivas era evidentemente clara. Entonces, ¿qué pasos se pueden tomar para mitigar el impacto de estos inevitables desastres? Un enfoque fundamental es reevaluar dónde y cómo construimos. California debe considerar detener la construcción en zonas de alto riesgo o, al menos, hacer cumplir códigos de construcción estrictos que garanticen que las estructuras sean resistentes a inundaciones e incendios forestales. La evidencia sugiere que las casas construidas con materiales resistentes al fuego han tenido un mejor desempeño durante los recientes incendios forestales, lo que indica que los estándares de construcción actualizados podrían salvar vidas y propiedades. Además, mejorar la infraestructura para la evacuación y la respuesta a emergencias es crucial. Las carreteras estrechas y sinuosas que caracterizan a muchas comunidades de alto nivel en el sur de California pueden volverse rápidamente peligrosas bajo presión, como se vio en las evacuaciones recientes. Desarrollar rutas de escape eficientes y mejorar los sistemas de alerta puede reducir significativamente los riesgos para los residentes durante las emergencias. El panorama de los seguros también demanda una revisión importante. El comisionado de seguros de California está trabajando en un marco regulatorio que tenga en cuenta las pérdidas futuras en las primas, con el objetivo de estabilizar un mercado precario. Sin embargo, esto puede no ser suficiente. Un programa estatal de cobertura de daños, financiado por tarifas obligatorias sobre las propiedades, podría proporcionar una red de seguridad para los californianos, permitiéndoles adquirir seguros suplementarios según sea necesario. En última instancia, el mensaje es claro: si los desastres son una constante en la realidad de California, el estado debe adoptar una mentalidad preventiva similar a la que visionó Pete Wilson. En lugar de solo responder a crisis, California debería tomar medidas proactivas para proteger a sus comunidades de los inevitables desafíos que se avecinan. Al adoptar un enfoque más integral hacia la prevención de desastres, el estado puede trabajar para proteger vidas, propiedades y el rico tapiz de sus diversos paisajes de los estragos de la furia de la naturaleza.