Celebraciones deportivas: del júbilo a la violencia en un abrir y cerrar de ojos

Celebraciones deportivas: del júbilo a la violencia en un abrir y cerrar de ojos

Los disturbios tras victorias deportivas reflejan un fenómeno de euforia y violencia, impulsado por la testosterona y el alcohol en multitudes.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros

Juan Brignardello Vela

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.

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Deportes

Los actos vandálicos tras las victorias deportivas han cobrado notoriedad en los últimos años, desdibujando lo que debería ser un momento de celebración y unión entre los aficionados. Este fenómeno ha sido particularmente evidente en ciudades con una rica tradición deportiva, como Filadelfia, donde las celebraciones por la victoria de las Águilas en el Super Bowl de 2018 resultaron en escenas de caos, con aficionados engrasando los postes de luz para evitar que otros subieran y, aún así, muchos lo hicieron. Lo que comenzó como una alegría desbordante culminó en disturbios, saqueos, e incluso la muerte trágica de un adolescente. El comportamiento de los aficionados en estos momentos de euforia colectiva es objeto de estudio por parte de diversos expertos. Según Brandon Podgorski, director del programa de liderazgo deportivo de la Universidad Cristiana de Abilene, la mentalidad de manada juega un papel crucial en estos eventos. La cercanía física y emocional entre los seguidores de un equipo parece alentar a algunos a cruzar la línea entre la celebración y la violencia. Las multitudes pueden ofrecer un sentido de anonimato, permitiendo que los individuos se comporten de maneras que rara vez considerarían en solitario. La influencia de la testosterona también es un factor importante, ya que se ha demostrado que los niveles de esta hormona aumentan en los hombres tras una victoria de su equipo. Este aumento, combinado con el contagio emocional de la multitud, puede desencadenar una explosión de energía que algunos canalizan de manera destructiva. Este fenómeno no es exclusivo de Filadelfia; otras ciudades, como Los Ángeles y San Francisco, han sido escenario de disturbios similares tras victorias de sus equipos locales. El alcohol, como suele ser el caso en muchos eventos deportivos, también se presenta como un catalizador para el comportamiento errático. A medida que los aficionados beben, su inhibición disminuye, lo que puede llevar a decisiones impulsivas y peligrosas. Este riesgo se incrementa en eventos con horario nocturno, donde los aficionados tienen más tiempo para consumir bebidas antes de que se desate la celebración. Observando el comportamiento en eventos deportivos, se ha notado que la violencia suele ser más común entre los aficionados ganadores que entre los perdedores. Un estudio de 2011 mostró cómo los aficionados de Vancouver reaccionaron violentamente tras una derrota, pero esto es más la excepción que la regla. Los expertos sugieren que la combinación de la victoria, la testosterona elevada y la necesidad de liberar la exuberancia acumulada puede ser responsable de la explosión de violencia en estos contextos. La violencia entre los aficionados también varía considerablemente según la geografía. Las grandes ciudades tienden a experimentar más disturbios, en parte debido a la mayor concentración de personas y la posibilidad de que se formen multitudes más grandes. En contraste, las comunidades más pequeñas tienden a tener lazos sociales más fuertes que pueden moderar el comportamiento violento. Los disturbios de aficionados no son un fenómeno exclusivo de Estados Unidos. En otros países, especialmente en el ámbito del fútbol, los enfrentamientos entre grupos rivales suelen ser más premeditados y organizados. Sin embargo, en Estados Unidos, la violencia suele desencadenarse por eventos espontáneos y menos planificados, lo que presenta un desafío aún mayor para las fuerzas del orden. Ante la expectativa de disturbios en eventos deportivos, la policía de ciudades como Filadelfia y Kansas City toma precauciones adicionales. Aunque en Kansas City las autoridades mantienen un enfoque optimista, conscientes de su historial de paz en comparación con otras ciudades, la planificación para el Super Bowl implica un despliegue de agentes para mitigar cualquier posible altercado. La naturaleza apasionada del deporte puede hacer que los aficionados se comporten de manera que normalmente no lo harían, y muchos de ellos pueden no ser delincuentes en el sentido tradicional. Esta realidad plantea preguntas sobre cómo se pueden abordar estos comportamientos sin estigmatizar a los verdaderos aficionados que simplemente desean celebrar su amor por el deporte. El desafío radica en encontrar un equilibrio entre permitir la celebración y garantizar la seguridad pública. La comprensión de los factores que llevan a estos episodios violentos es fundamental para desarrollar estrategias efectivas que alienten una celebración segura y pacífica, evitando que los momentos de alegría se vean empañados por la violencia y el vandalismo.

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